Desde que fui diagnosticada siento día a día como la enfermedad va avanzando.

La Fibromialgia necesita un tratamiento multidisciplinar e individualizado, y a mi, voluntad para afrontarla, me sobra.  He aprendido a gestionarla totalmente y mi vida está completamente adaptada a ella, en todos los aspectos.  Conozco bien la enfermedad y mi cuerpo, he dejado de hacer todo aquello que me perjudica y hago todo lo que me beneficia, como una niña buena, obediente y disciplinada.

Pero, haga lo que haga, los síntomas aumentan en número y en intensidad, los brotes son más seguidos, fuertes y duraderos…. siento como mi compañera de vida me está devorando poco a poco…

Hay varias fases y soy consciente de haber subido peldaños, nadie mejor que yo lo sabe!.  Bueno, también mi médico de familia lo está viendo…

Cuido mi alimentación, paseo cada día, hago estiramientos, practico meditación y ejercicios de relajación, también terapias y actividades que me ayudan a estar bien emocional y psicológicamente… qué más puedo hacer?.  Por mi parte, NADA!.  El resto depende de que avancen las investigaciones, que encuentren el origen y un tratamiento que frene la enfermedad.

El martes pasado compartí con mis compañeras un grave episodio que sufrí y que aún me tiene algo tocada pero, afortunadamente está remitiendo aunque no completamente.

Por primera vez, sentí la necesidad física de usar un “andador”!.

Os puedo garantizar que no me es agradable contarlo, pero como hemos quedado en hacer campaña para dar visibilidad a nuestra realidad, me he lanzado a hablar de ello.

De repente no solo sentí en mis piernas dolor y cansancio como casi a diario, no solo se me doblaban las rodillas y se me iba el cuerpo como es habitual, lo que me pasó es que mis piernas no me respondían, parecían de gelatina, tenía que arrastrar los pies, sentí una debilidad muscular tan grande, que pensé que no llegaría a casa no obstante me faltaban unos metros.

Me asusté mucho.

¿Qué me estaba pasando?. Por mucho que quería mantenerme positiva y no darle importancia mi cuerpo mandaba y no me permitía usas mis extremidades inferiores.  Necesitaba un apoyo externo que no tenía.  Evidentemente esa tarde no hubo paseo, tiraba como podía de mis pies y me iba apoyando en las paredes de casa, así que tan solo fui al parque de al lado y me senté  en un banco con mi amiga y nuestras mascotas.

No, no me quedé en cama toda la tarde, salí para que me diera el aire pero el problema estaba ahí, me costó la vida moverme y el esfuerzo mental que hice me dejó machacada toda la noche y aún hoy, tengo secuelas físicas y emocionales. Intenté usar mi bastón de senderismo pero este no es adapto para el asfalto…

No quería reconocerlo pero tuve al final que admitir que tal vez necesite comprarme un bastón y usarlo si se repite el episodio (ojalá que NO).  A ver qué dice mi médico…

Yo buscando un bastón para salir a la calle?.  No me lo podía creer!.  Cómo me vi para llegar a eso?.

Sé que tengo compañeros que pasan la mayor parte de sus vidas en la cama y que algunos no pueden prescindir del andador pero, nunca piensas que eso te va a pasar a ti, aunque sufras la misma enfermedad, verdad?.

Ante la tristeza que sentí admitiéndolo recordé una frase de mi querida Frida Kahlo  y me ayudó a mejorar un poco mi perspectiva de la situación… PIES, ¿PARA QUÉ LOS QUIERO SI TENGO ALAS PARA VOLAR?.

Haré todo lo que esté en mis manos para facilitarme la vida y si tengo que volar, volaré… 😉

Y para terminar os animo a hablar sobre vuestras experiencias tal y como los psicólogos especialistas en esta enfermedad nos aconsejan y os mando mucha fuerza compañeros.

El Día Internacional de la Fibromialgia está acabando pero nosotros seguiremos mal cada día con lo cual, la batalla no ha acabado, debemos seguir luchando y mientras tanto, buscad siempre algo que os haga ver, un rallito de luz.

 

Muchos besines.